
Ilustración: Elliana Esquivel
Repetimos patrones, nos disparamos ante determinadas situaciones y tendemos a elegir a un tipo u otro de personas como parejas y amistades.
Narrar nuestra historia nos libera, reordena y aporta comprensión a lo que fue para entender lo que ahora somos.
Podemos seguir colocando parches, soplándole a la herida y mirando hacia otro lado que todo seguirá su curso, el inevitable curso de hacer lo que podemos pero no siempre queremos.
La libertad emocional nos ayuda a poder elegir con todas las cartas sobre la mesa de la realidad, aceptar lo que no puede ser, respetar a quien no puede estar y abrazar a quien siempre estará. A ti.
En ocasiones, en lugar de soltar, nos pasamos la vida intentando cambiar al otro y nos olvidamos de que si hacemos esto, estaremos relacionándonos con los fragmentos de personas que podemos tolerar, no con seres completos, que por mucho que nos incomoden, son.
Aun así, uno puede quedarse donde está. De hecho, puede no ser beneficioso empujar la puerta de quien tiene el candado puesto. Esto lo saben bien las personas que se reencuentran con su herida, que comprenden a quienes no pueden o no quieren ver la suya. Pero también puede ser positivo acercar a los que sí quieren y pueden que mitigar el dolor, reparar lo que fue y construir una vida serena es posible.
Integrar el pasado con el presente mirando al futuro y justo ahí, donde el miedo grita sin voz lo que quiebra por dentro, sostenerlo, mientras el quiero abraza al no puedo.